En cualquier caso, [Manuel de Faria e Sousa] se entregaba, en primer lugar, a la redacción de borradores sobre la base de las notas y súmulas que previamente había tomado, anotando, además de las autoridades que citaba, cuáles habían sido las bibliotecas y archivos en hos que había trabajado.  El número de estos borradores era variable, pero nunca menor de dos, con frecuencia tres y en algunos casos quatro, cinco y hasta seis.  Apurado, así, el contenido del texto, procedía al definitivo traslado del último borrador hasta conseguir lo que denomina un original en limpio.

Fernando Bouza, Corre manuscrito, 30.

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